Los pequeños lujos

Esta semana he estado reflexionando sobre los “lujos”. Muchos de nosotros emigramos de nuestro país para poder tener una vida más abundante. Algunos lo logran, y otros no. Tristemente, creo que en ocasiones olvidamos que la abundancia está en el interior y que el verdadero lujo no siempre se ve desde afuera.

Todos queremos un mejor sueldo, poder ir de viaje, adquirir las cosas que nos hacen falta y no endeudarnos de por vida si tenemos un accidente o una enfermedad. Y muchos, al emigrar, sacrifican cosas que daban por sentadas. El amor de la familia, el apoyo de su red, el entendimiento y el calor de su cultura.

En estos tiempos, vemos a muchas personas presumir de “lujos”. Un carro del año, ropa nueva, relojes de marca. Cuando en realidad lo pensamos, nos damos cuenta que el lujo es una vida sana. Dormir en paz. Tener un sistema nervioso regulado. Sentir calma en el cuerpo. Poder pensar con claridad. Estar presentes para apoyar a nuestros hijos. Poderles decir que no se preocupen si pierden su empleo. Tener opciones. Elegir desde la conciencia y no desde la urgencia.

Esto es la verdadera abundancia.

No se trata solo de dinero, logros o estatus. Se trata de construir una vida que no nos rompa por dentro mientras intentamos sostenerla. Se trata de tener relaciones sanas y estables a nuestro alrededor.

Una vida feliz muchas veces se parece más a la tranquilidad, la salud, el tiempo de calidad, la estabilidad emocional y la libertad de elegir lo que de verdad nos hace bien.

Ese tipo de lujo no siempre hace ruido, pero cambia todo.