Obsesión

Hace años ví un video de un maestro que hablaba de la obsesión y del desear nuestras metas tanto como respirar cuando estamos bajo el agua. Me queda claro que pocas personas comparten ese deseo de expresar, lograr, descubir, crear algo a tal nivel. Y eso se debe a que la gente lo considera obsesión y la obsesión tiene mala fama.

Casi nada extraordinario se construye pensando en una meta de vez en cuando, cuando tienes tiempo y Mercurio está cooperando.

Los artistas practican cuando nadie los aplaude. Los emprendedores trabajan durante años en ideas que al principio nadie entiende. Los científicos repiten experimentos cientos de veces buscando una respuesta que quizá no aparezca hoy.

La obsesión bien dirigida hace algo mucho más interesante que acercarte a una meta: te obliga a convertirte en la persona capaz de alcanzarla.

Y esa transformación ocurre en lugares bastante poco glamorosos. Se nota en lo que haces al levantarte. En lo que estudias. En cómo utilizas una hora libre. En las conversaciones que eliges. En aquello a lo que dices no. En cumplir contigo incluso cuando desapareció la motivación del lunes.

No alcanzas una meta únicamente porque la deseas muchísimo. La alcanzas cuando tus hábitos diarios empiezan a parecerse a los hábitos de la persona que podría sostener ese resultado.

Quieres escribir un libro: escribe.

Quieres construir un negocio: vende, aprende, crea.

Quieres reinventar tu carrera: deja de tratar tu futuro como ese proyecto que algún día atenderás cuando la vida se calme.

La vida rara vez se calma. Tú te vuelves más intencional. Obsésionate menos con llegar y más con convertirte en la persona que naturalmente hace lo necesario para llegar.

Porque mucho antes de ver el resultado, la meta ya habrá hecho su trabajo más importante: haberte transformado a ti.