Muchos de nosotros hemos lidiado con la postergación durante años. Familiares y maestros nos han dicho que postergamos por flojera. Y por no profundizar en lo que sentimos lo empezamos a creer. Muchas personas llegan a mis cursos con una gran carga de culpabilidad. Quieren hacer algo pero no saben cómo empezar o dicen que no tienen la energía o el tiempo para hacerlo.
No saben que no es flojera. Ni falta de horas en el día. Es miedo a lo desconocido.
Es la incomodidad de aceptar nuestras propias limitaciones.A veces, lo que evitamos no es la tarea, sino lo que esa tarea representa:
👉 Que nuestra visión de nosotros mismos no es tan realista.
👉 Que no somos aún quien esperábamos, o tal vez, somos mucho mejores.
👉 Que al intentar, se acaba la ilusión de esperar “algún día”.
La solución real a la postergación no está en hacks de productividad. Lo sé porque conozco decenas de ellos y a veces postergo igual. La clave es desarrollar algo mucho más profundo: valor.
El valor de ver la vida como es —no como quisiéramos que fuera.
El coraje de avanzar incluso cuando todo es confuso, frustrante o imperfecto.
El valor de reconocer que ese malestar que sientes no es señal de que vas mal,
sino evidencia de que vas en serio.
Pero todo mundo quiere hablar del cómo lograr algo, más del “quién tienes que ser para lograrlo”. Y aquí va una verdad que cambia todo:
No necesitas motivación para empezar. La motivación llega después de que empiezas. Llega con la claridad que trae la acción.
Esperar a “estar listo” es una trampa. Estar listo no es un “evento” es un sentimiento que te puedes programar para tener.
Actuar sin garantías no es inmadurez, es valor. Es aceptar que la incertidumbre es lo que rodea cualquier meta creativa, valiente y significativa.
Si estás listo para trabajar en ti y quieres dejar de postergar ya, este grupo es para ti. Si te inscribes hoy, tendrás una sesión de media hora, gratis, conmigo. Esta sesión cuesta más de lo que cuesta el programa, just saying…


